Imagen con el titulo Ciencias Abierta un marco alternativo

La ciencia abierta no debería sentirse así

Hay una escena que muchos investigadores conocen bien. Terminas un paper, quieres publicarlo, y antes de pensar en la escritura ya tienes encima una lista de obligaciones: deposita los datos en tal repositorio, completá el plan de gestión, verifica la licencia, confirma que el financiador lo permite, chequea si la revista acepta acceso abierto o si necesitas pagar un Article Processing Charge. Y en algún punto de ese proceso, casi sin darte cuenta, perdiste de vista por qué querías publicar ese trabajo.

Eso no es un problema de actitud ni de falta de compromiso con la ciencia abierta. Es el resultado de un sistema diseñado con una lógica particular, que N. Lund (2025) describe con precisión en un artículo publicado en el Journal of Documentation.

Lund identifica algo que muchos sienten pero pocos nombran: el marco institucional dominante de la ciencia abierta presenta como técnicos y neutros una serie de mecanismos que tienen consecuencias muy concretas sobre quién controla el conocimiento. Un ejemplo del artículo: los contratos de I+D con empresas privadas incluyen cláusulas que permiten retrasar la publicación entre cuatro y seis meses, el tiempo necesario para asegurar patentes. La apertura, en ese caso, espera. Y el investigador también.

El argumento de Lund no apunta a que la ciencia abierta sea una mala idea. Apunta a que el modelo actual la convirtió en una carga administrativa para los investigadores mientras dejó intactos los mecanismos que permiten cerrar, retener o comercializar el conocimiento cuando conviene. Los mandatos se acumulan sobre quienes investigan. Las excepciones las negocian otros.

Para la comunidad de GLOSA, este diagnóstico importa porque describe algo que ocurre todos los días en laboratorios, grupos de investigación y proyectos de tesis. Los investigadores y estudiantes que siguen los mandatos de ciencia abierta con genuino convencimiento se encuentran absorbidos por procedimientos que no tienen el respaldo institucional suficiente, ni el tiempo, ni muchas veces la orientación clara para navegarlos.

El problema no está en la apertura como principio. Está en que los costos de implementarla recaen de forma desproporcionada sobre las personas con menos poder en el sistema académico.

Durante marzo, GLOSA va a trabajar sobre este diagnóstico en el seminario de #LecturasAbiertas y una serie de posts que parten del artículo de Lund y aterrizan en situaciones concretas: los planes de gestión de datos, los APC, los repositorios institucionales, la relación entre financiamiento privado y acceso abierto, y la pregunta que está debajo de todo esto: ¿quién define qué significa “abierto”?

El artículo de Lund está disponible en: https://doi.org/10.1108/JD-09-2024-0220

Accedé a nuestra presentación aquí:

GLOSA (2026, February 28). Lecturas Abiertas. Ciencia Abierta Crítica. Presentación del artículo de Lund, A. (2025). An alternative open science framework. Journal of Documentation, 81 (7), 157-178. https://doi.org/10.1108/JD-09-2024-0220. Available at: osf.io/frzb3


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